domingo, 30 de octubre de 2011

Venga, una de justificación.,

''El hombre se precipita en el error con más rapidez que los críos corren hacia el mar.''


Lo quiero aquí y ahora, aun que pueda parecer muy egoísta, y quiero vivir con él todos los días de mi vida y acariciar su pelo marrón rizado y su cara, mirar a sus ojos y reír con él y hacerle reír y hablar, hablar, hablar sin decir nada pero diciéndolo todo. La muerte es un problema que ya no me incumbe. Ahora tengo que ocuparme sola de la vida y como es breve y frágil tengo que volverla larga y fuerte, llena e indestructible. Dura como el hierro.

De repente me viene a la cabeza aquel día de clase.Recuerdo aquel dia como si fuera ayer; cuando el profesor narraba un fragmento de algun escritor loco de la época de la peste...

- ''4 de Agosto de 1994''. ''Papá y mamá; yo, que no he querido vivir sino por el amor, muero arrasado por el tenebroso vendaval del odio. Dios es amor y Dios no muere. No muere el amor...'' ...narraba el profesor.

- ¡Chorradas!

Me elevo como el fuego, quemando los sueños de papel y las palabras de paja. La palabra se estampa con violencia contra la cara del profesor, como un puño claveteado de guerrero de la noche. Todos se vuelven hacia mí con ojos inertes en vez de quedarse boquiabiertos ante la primera declaración sincera jamás pronunciada en el instituto. Los abrasaría a todos, incluso al profesor, que me mira convencido de no haber entendido.

- ¡Chorradas! -repito desafiándolo.

Veamos qué hace ahora, ahora que alguien se atreve a llamar las cosas por su nombre y a destruir su castillo de naipes literarios. Calla un minuto. Parece buscar algo que no consigue encontrar en su interior. Luego, con voz absolutamente serena, pregunta:

- ¿Tú quien eres para juzgar la vida de ese hombre?

Respondo instantáneamente; ha echado gasolina sobre mi fuego:

- No son más que ilusiones. La vida es una caja vacía que llenamos de bobadas para que nos guste, hasta que ocurre cualquier cosita y pum... -hago un silencio mientras gesticulo muy teatralmente con las manos como si formara una pompa de jabón que estalla-, te encuentras sin nada. Aquel hombre quiso creer que morir por una causa que consideraba justa daba un sentido a su vida. Dichoso él. Pero no es más que una película para que la píldora sea menos amarga. La caja sigue vacía.

El profesor me mira de nuevo y guarda silencio. Luego surge de aquel silencio con un lapidario y tranquilísimo:

- ¡Chorradas!

Las suyas contra las mías. Sea como sea, se trata de chorradas. Pero me ha echo daño. Cojo la mochila y salgo, sin dar tiempo al profesor a decir nada más. El fuego quema y sigue destruyendo. No regreso para dar explicaciones. Nadie sabe justificar lo que pasa y si esto es lo que hay, yo por qué tengo que meterme en nada. Estaba sola y me siento fuerte por primera vez. Soy fuego y quemaré el mundo entero. No voy a llamar a nadie, porque no entendería un carajo y porque no lo necesito.

Su pálida sombra vuelve a mi cabeza y me dan ganas de blasfemar. Blasfemo varias veces, reiteradamente, con fuerza. Y ahora me siento mucho mejor. Y comprendo que Dios existe, si no, no me sentiría mejor. No te sientes mejor si te cabreas con Papá Noel. Si te cabreas con Dios, sí.
       Marina Levine.

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