''No es difícil querer a alguien, para nada. Tampoco es difícil sentir un cosquilleo en el estómago cuando abrazas a esa persona; y es mucho menos difícil temblar cuando la tienes delante.''
-¿A que a ti te pasa? Pues a mi también, Carlota. ¿Recuerdas aquellos veranos en la granja del abuelo? ¿Ordeñando vacas a diestro y siniestro para conseguir leche y que así la abuela pudiera preparar nuestro bizcocho favorito? Cuando montábamos a caballo, sí, el mio se llamaba... ¿Cómo era?
-Charlie.
-¡Oh si! por cierto, empezaba a pensar que me habías colgado, odio hablar contigo por teléfono.
-Lo siento, me expreso mejor en persona.
-No importa, yo sigo hablando y tu escuchas.
-Es lo que siempre hago.
-Y lo que siempre harás; bueno, ¡callate! deja que termine de hablar... ¿Por dónde iba?
-Por tu caballo Charlie.
-¡Claro! ¡Charlie! Nunca olvidaré su color marrón chocolate brillante...Y esos paseos por la vereda que había cerca del establo... ¿Y cuando le dábamos zanahorias? Hacía unos sonidos más raros...
-¿Echas de menos a la abuela Paca?
-Y a la tía Angelita, y al abuelo Alfredo... Y a ti.
-¿A mi? Pero si no estoy muerta, estoy a la otra línea del teléfono...
-No, no estás, te has ido, y yo también. Hemos reemplazado los caballos, las vacas, los bizcochos de la abuela y lo largos paseos por la vereda antes del amanecer por noches locas, por los tios, por el alcohol, y por los coches.
-No he cambiado yo, han cambiado los tiempos; no me jodas que con el que ayer te liaste en el tercer pub al que fuimos no estaba mal...
-No, estuvo mal.
-¿Y eso?
-Porque temblaba y le miraba a los ojos, y le sonreía, como una completa idiota pemsé que era mío, y resultó ser de todas las guarras del club, ¡que se lo rifaban, Estefany!
-Joder, es que el culo que me llevaba el chaval...
-¡No me entiendes!
-Claro que te entiendo, cielo, no sabes compartir a los tios, no sabes tener rollos de una noche, no sabes dejar de enamorarte. ¿Consejo?
-Estoy abierta a cualquier cosa.
-No salgas de fiesta, vuélvete a la granja a ordeñar vacas y a hacer pasteles; sabes que siempre vas a seguir luciendo -aunque sea en casa- esa camiseta de Bob Esponja que tanto te gusta.
-No son pasteles, son bizcochos; y sí, la sigo llevando y orgullosa que estoy.
-De cualquier manera, no estás preparada.
-¿22 años y crees que no se salir de fiesta?
-Exacto.
-Vale, no te lo discuto.

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